Del verbo escuchar: Ventaja del PLD

Por Melvin Mañón

Trujillo, según numerosos historiadores y el testimonio verbal recibido de personas que estuvieron a su lado ESCUCHABA. Mario Read Vitini, Cesar Alvarez Valera y Francisco Caamaño, en distintas y numerosas ocasiones, vía sus memorias de incidentes o anécdotas a mi referidas atestiguaban que “El Jefe” no era sordo, escuchaba las observaciones, las críticas y los consejos y siempre tuvo un grupo de asesores a los cuales escuchaba hasta que -al final- perdió la noción de si mismo.

Balaguer, quien lo heredó, también ESCUCHABA y sabía, con paciencia, astucia y modales acoger, enmendar, corregir, cambiar o reiterar un curso de acción. Los testigos abundan y Balaguer ESCUCHABA y respetaba, junto a el, a quienes adquirieron la reputación aunque no el rango de asesores. Me consta que tras ganar las elecciones de 1986 ( las únicas que creo ganó limpiamente), entre los meses de noviembre de ese año y finales de diciembre de 1987 pasaba horas enteras escuchándome, preguntándome, enterándose a través mío de lo que el ya no podía ver por su ceguera y como a otros viejos o nuevos, a su lado, me usaba indisimuladamente para, con mi observaciones, validar o rechazar el testimonio de ministros y funcionarios que laboraban a su alrededor.

Don Antonio Guzmán no era sordo pero tampoco se sentía muy cómodo escuchando el disentir en forma de críticas, advertencias o consejos. Sin embargo, su sentido común, su experiencia de trabajo y lo mesurado de sus ambiciones personales le ayudaron a encontrar camino de modo que, aunque no ESCUCHABA  oficiosamente como un ejercicio auto asignado, si ejercía la consulta de pareceres y prefería con frecuencia la confianza que le inspirara el consejero a la sabiduría que adornara a este.

Salvador Jorge Blanco ESCUCHABA pero nunca fue capaz de separar la paja del grano de manera que, al efecto de los malos consejos que recibía se sumaron los defectos de su propia personalidad, la mezquindad, el envanecimiento, la pérdida de perspectiva.  El resultado es de todos conocidos.

Juan Bosch ni como presidente, ni como dirigente político ESCUCHABA nunca a nadie. No aceptaba críticas ni ser enfrentado por uno cualquiera de sus colaboradores y para tratar de influir en el se requería de toda una coreografía que los astutos oportunistas de siempre aprendieron y los mas capaces resintieron y finalmente se fueron de su lado. Don Juan, como muchos de los maestros de antes, no solamente no escuchaba, era intolerante, soberbio y rabiosamente honesto rayando en lo puritano.

Leonel Fernández estaba acostumbrado a escuchar, venía de una escuela donde todos, unos mas otros menos, ESCUCHABAN a Juan Bosch. Como Leonel no tenía la ataduras al pasado de los otros, como tenía consciencia de su inexperiencia, como era avezado y ambicioso, discreto y no confrontacional, aprendió a escuchar a los suyos y también a los que no lo eran. Leonel Fernández es posiblemente el primer dirigente político moderno de la República Dominicana lo cual no quiere decir que fuera ni sea bueno sino que entendió que el tiempo de los caudillos había llegado a su fin y que, en ausencia de ese liderazgo de arraigo y para una sociedad harto mas compleja se debía trabajar en equipo. Supo  aprovechar y descansar en las encuestas e investigaciones, estudiar las experiencias de otros países y partidos y concluyó que las circunstancias y la velocidad de los cambios económicos, tecnológicos y culturales obligaban, o al menos aconsejaban, usar asesores locales y extranjeros a los cuales ESCUCHABA, cuyos informes leía, cuyas opiniones debatía. Fernández fue también el primer presidente que entendió que trabajar con un equipo de asesores, técnicos, políticos, amigos y empresarios le daba una ventaja importante sobre sus adversarios que seguían jugando al Llanero Solitario.

Hipólito Mejía quizás, el mas sordo de todos no ESCUCHABA a nada ni a nadie aunque lo pretendiera y en eso de pretender tampoco hacía mucho esfuerzo. Aunque cualquiera podía enfrentarlo sin temor a consecuencias, criticarlo en privado o en público, Hipólito nunca le ha hecho el favor de escuchar a ninguno de sus asesores, nacionales o extranjeros de cuyos consejos se burla, de cuyos informes lee el título y sin remordimiento desprecia lo demás. No importa que se le critique, aconseje o enfrente, Hipólito tiene una salida ingeniosa pero no siempre exitosa para evitar enfrentamientos dañinos.  Su sordera lo limita y no parece capaz de entender o aceptar opiniones diferentes a la suya y nunca entendió que su adversario no era Leonel Fernández o Danilo Medina como persona sino que ellos operaban como un equipo armado, estructurado y pensante.

Danilo Medina comparte con Hipólito Mejía el laborantismo incesante y con Leonel Fernández el uso amplio y extenso de asesores a los cuales ESCUCHA. Medina carece de una visión histórica como la de Balaguer  pero comparte con este el aprecio por los detalles, el control de la información y las labores de seguimiento. Con ello compensa, en cierto modo, la ausencia de un discurso equiparable al de Leonel Fernández. 

Algunos errores notables de Fernández pueden atribuirse al descuido, al rechazo a involucrarse en las minucias administrativas; Fernández entendía la existencia de ciertos límites y evitó ser un transgresor de estos. Medina en cambio, quizás por su breve y antigua estadía en el PACOREDO desconoce estos límites, se cree por encima y no sujeto a sus reglas y carece por completo de escrúpulos. Rodeado de gente formada y experimentada en la transgresión, legitimada la trampa política en ese entorno, Medina cuya ambición suprema era ser presidente ESCUCHA pero sus oídos no atienden otra cosa que no sea lo pertinente a mantenerse en el poder, la única y final dimensión que le concierne.

El PLD ha demostrado ser una maquinaria política formidable y ha postulado candidatos que operan en equipo mientras que sus adversarios actúan individualmente, sin ESCUCHAR a nadie y además sin entender que siempre se han enfrentado a un equipo mas moderno que ellos mismos. Los partidos minoritarios y eso incluye al PRM y Luis Abinader no ESCUCHAN, no desean cambiar ni aprender, creen que están bien aunque los resultados digan lo contrario. Prueba elocuente e incontrovertible de esta afirmación es la Marcha Verde donde converge todo el descontento nacional que los partidos no han sabido, podido o querido capitalizar porque no conectan con el pueblo, no conocen el país, no entienden a lo que se enfrentan y permanecen todos dentro de lo que se llama: su zona de confort.

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