Eliminen el Senado, 20 provincias, 100 alcaldías y 10 ministerios

Por Rosario Espinal

El Senado es una inutilidad que cuesta una millonada. ¿Su función? Llenar las arcas de los senadores, todos aspirantes a vitalicios en el cargo. En todos los países de la región centroamericana hay una sola cámara legislativa. La razón: no son repúblicas federales, tampoco lo es este país, chiquito con cuchumil provincias.

Ya sé! No lo van a hacer. Lo digo de todas formas. Esto no le interesa a la “clase política”, viven de la ciudadanía. Todos quieren estar arriba, cortesía del Estado santicló.

No se hará porque aparecerán mil voces que justificarán las instituciones innecesarias y los empleos aún más innecesarios. Defenderán el Senado (institución inútil en este país), elogiarán la descentralización municipal como una gran conquista democrática (pero ojo: es más clientelismo), justificarán todos los ministerios.

En esta islita del Caribe, o tres cuartos, o media isla, como usted prefiera, hay demasiados políticos-funcionarios, y lo peor, mucha gente acostumbrada a vivir de la politiquería.

Es un país donde no se puede organizar el caos del tránsito, ni recoger bien la basura, ni tener buenos vertederos, ni tapar los hoyos de las calzadas. Asuntos básicos.

Es un país con túneles y elevados, Metro y helipuertos, torres iluminadas; y también, lleno de pobres con salarios de miseria que se roban la luz y el agua (cuando llega), hospitales sin nada.

Muy pronto el Estado Dominicano se tragará la sociedad, y ambos naufragarán. Mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

Los que pagan impuestos, o se los deducen de sus salarios, deberían sentirse indignados de ver cómo su dinero se utiliza para mantener tantos vagos en eterna diversión. La última novedad: los diputados del PRD que perdieron en las elecciones el 2016 fueron premiados con un nombramiento de asesores en la cancillería. ¿Cuál es su mérito? ¿Ser políticos? A ciento cincuenta mil pesos por cabeza.

¿Y qué decir de todos los pensionados VIP de este país, con cantidades exorbitantes, por haber trabajado unos añitos como jefes en alguna entidad pública?

El Senado es una inutilidad que cuesta una millonada. ¿Su función? Llenar las arcas de los senadores, todos aspirantes a vitalicios en el cargo. En todos los países de la región centroamericana hay una sola cámara legislativa. La razón: no son repúblicas federales, tampoco lo es este país, chiquito con cuchumil provincias.

La mitad, por lo menos, de las 31 provincias no producen mucho, ni tienen mucha población, ni mayor significación. Viven sumidas en la pobreza. Aumentar el número de provincias tuvo un solo objetivo: tener más cargos disponibles para los dirigentes y activistas políticos. Unas 10 provincias serían más que suficiente para un país de 48 mil kilómetros cuadrados.

Hay 158 municipios, la mayoría innecesarios, deficientes y precarios. Hay ciudades en el mundo con una población cercana al total de este país, Nueva York, por ejemplo, con un solo alcalde. Todos estos municipios dominicanos se han creado para generar más puestos electivos y administrativos para dirigentes y activistas políticos, para llenarlos con nominillas de los partidos.

En el Gobierno Central hay 23 ministerios. ¡Otra barbaridad! Varios de ellos agotan gran parte de su presupuesto en pago de nómina, O sea, no queda mucho dinero para impulsar programas a favor del pueblo. Como en las demás instancias gubernamentales, los ministerios están llenos de dirigentes, activistas y militantes de los partidos políticos en el poder, y hasta de los partidos en la oposición; porque el reparto es grande, gigante.

En fin, un país pequeño como este podría perfectamente administrarse con mucho menos personal en todas las instancias gubernamentales, y claro, con menos recursos. Pero se hace lo contrario, se agregan y agregan dependencias, y las demandas para emplear más gente es inagotable, y las demandas de pensiones, aún de personas que nunca han laborado en el Estado, son incalculables.

Muy pronto el Estado Dominicano se tragará la sociedad, y ambos naufragarán. Mientras tanto, ¡que siga la fiesta! Ay ombe.

Artículo publicado en el periódico HOY

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