Una historia pertinente y actual

Por Melvin Mañón

Los hijos podían ir a la universidad ahora accesible a muchos pobres, precisamente a causa de los tantos que murieron para hacerlo posible.

Los años 60 que hasta ahora solamente hemos discutido como período de turbulencias estudiantiles, grandes revueltas obreras y campesinas y la Guerra de Abril, fue también un período de gran expansión económica e innovación tecnológica. Mientras los guerrilleros en Guatemala, Venezuela, Colombia etc. se podrían en las montañas, los radios de transistores y la televisión a color entraban masivamente a los hogares, inundándolos con publicidad que proponía un nuevo estilo de vida fácil, accesible, prometedor y libre. Mientras el estudiantado se rebelaba contra las injusticias supuestas y reales del sistema, la píldora anticonceptiva preparaba las condiciones objetivas para la revolución sexual y ésta a su vez impulsaría la minifalda, los jeans, las discotecas y el estilo de vida nocturna, alegre, disipada y sensual que le es inherente.

Mientras los obreros se rebelaban contra el capitalismo en las fábricas, París ardía en la revuelta del 68 y los negros con Martin Luther King desataban la lucha por los derechos civiles; ese mismo capitalismo fabricaba una versión barata y en masa de bienes de consumo que hasta entonces habían sido un lujo, desde el poliéster para que la ropa pareciera seda sin serlo, hasta las vacaciones de verano y los fines de semana con la creación del todo incluido y ofertas de viaje y alojamiento baratos para que también los que ganaban menos pudieran tener su propia imitación de “la buena vida”.

Mientras las clases medias lloraban a sus mártires y demandaban un espacio en nombre de la justicia y el derecho, los bancos comerciales, asociaciones de ahorro y muchos gobiernos diseñaban ambiciosos programas de vivienda y financiamiento que, con la promesa de una casa propia para ser libres, consiguieron endeudar a todo el mundo no solamente para adquirir la casa, sino para amueblarla y luego para competir con el vecino y al final para adquirir un auto con que llegar hasta ella a medida que urbanizaron los suburbios y en lugar de transporte colectivo se alzaba un altar al auto privado.

Al final, en vez de ser más libres terminaron todos encadenados a las deudas, presas del pánico a perder lo ya adquirido y dispuestos a envilecerse con tal de no descender a la posición social de la cual venían. Mientras todos estos cambios ocurrían, una gran división o decantamiento de valores empezó a desarrollarse al interior del cuerpo social. La aspiración de justicia encarnada en la guerrilla y/o los grupos mejor organizados empezó a parecer una utopía o una aberración. La revolución sexual trajo consigo el hedonismo exacerbado, una competencia feroz por la moda, por el consumo, por el gasto y por parecer joven.

Los campesinos prefirieron emigrar que luchar, puesto que era visible la concentración urbana del bienestar y estaba claro que, la justicia, como la educación y la salud llegaban primero al pueblo y casi nunca alcanzaban a llegar al campo. Los obreros, como los pobres de la ciudad,  también emigraron de sus pueblos y ciudades, pero al exterior o a ciudades más grandes. Nuevos y mejores empleos se suponía que mejoraban la calidad de vida. Los hijos podían ir a la universidad ahora accesible a muchos pobres, precisamente a causa de los tantos que murieron para hacerlo posible. Los obreros regresaron a la cerveza, a los deportes y adoptaron un nuevo juguete: la televisión.

A partir de finales de los años de 1970, las clases medias dominicanas que habían estado al frente de todas las actividades progresistas importantes y que además constituían una poderosa reserva para las organizaciones revolucionarias de la época, desertaban gradualmente. La deserción de las clases medias de la lucha popular fue relevante además porque alejadas de esos afanes, las clases medias afectaron adversamente la lucha no tanto por la sustracción de sus propios efectivos como por el hecho de que privaron a los más pobres del concurso de sus aportes múltiples en un amplio número de áreas desde acceso a las comunicaciones hasta asesoría legal y apoyos múltiples de ideas, dirección, organización, y apoyo logístico. El factor imitación no tarda en transmitirse de las clases medias a los sectores populares. Lo que aquellos persiguen, al principio sólo para si, se convierte en meta generalizada que de repente aparece como objetivo de toda la sociedad en apoyo o reemplazo de la propuesta de cambio social.

La apatía y el desencanto, sin embargo, fueron solamente una cara de la moneda. Junto a este estado de ánimo, los EEUU, apoyándose en sus aliados locales propusieron un “nuevo orden” si así podemos llamarlo, uno que en palabras de Janos Mátyás Kovács consigna, en referencia a la situación en Hungría post caída de la URSS y éxito hegemónico de los EEUU: “El exportador exitoso debe tener solamente una máxima en su mente. No hay que recordarle a la población local de su colonizador anterior. El nuevo gobernante, si es listo no provocará a la gente del país con ideologías extrañas ni con la fuerza bruta; mejor los corrompe, primeramente a través del consumo y luego del entretenimiento”. (Rival Temptations and Passive Resistance. Cultural Globalization in Hungary. Pag 149. Oxford University Press. 2002.

Los dominicanos como país y como sociedad vivieron este proceso paso por paso. Primero fuimos seducidos por la promesa de prosperidad y nos endeudamos. Luego dejamos la lucha política, la idea de cualquier proyecto nacional para materializar proyectos personales o a lo sumo familiares. Descuidamos los logros democráticos y facilitamos el ascenso de políticos sin méritos, partidos sin credenciales y finalmente entregamos todo hasta el rubor y la vergüenza.

Al principio, los políticos nos engañaban con esmero en ocultarlo, robaban con cuidados y hasta temerosos de algún escándalo o sanción social. Los funcionarios combinaban la astucia con la incompetencia hasta que llegamos a la presente etapa donde el poder ya ni se preocupa por ocultar o enmascarar sus fechorías no solamente porque son inocultables sino porque las han convertido en un reto y nos coloca a  todos en la posición de aceptarlo o enfrentarlo.

Los grandes enemigos de la lucha social actual son el endeudamiento personal y la cultura de la chercha. El poder lo sabe y lo alimenta. Muchos de nosotros creemos que nuestro enemigo es el PLD y Danilo Medina cuando en verdad ambos existen porque el endeudamiento, el envilecimiento resultante, la cultura del todo vale y la chercha, cogerse la vida a vaina los hicieron posible y no podremos derrotarlos a ellos hasta que no entendamos y derrotemos las condiciones que los hicieron posibles.

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