Un Enfoque Fuera de Contexto

Por José Cabral

La gran mayoría de la gente y los propios periodistas casi siempre se llevan de la apariencia y de lo que mucho repiten sin irse al fondo del problema, lo cual ha ocurrido con Merlín Martínez, madre del confeso asesino de la joven Emely Peguero, quien ha demostrado hasta la sociedad que carece de toda sensibilidad y que por lo menos en el presente caso ha actuado como uno de los peores seres humanos.

El crimen siempre ha sido atribuido a que la madre del criminal y cómplice del asesinato se oponía a que éste tuviera un hijo con una muchacha de una clase social media baja, cuando en realidad desde cualquier perspectiva que se analice el asunto puede llevar a la conclusión de que los Martínez pudieron considerarse superiores a la víctima porque podían disponer de algunos recursos económicos, pero que en realidad no se puede alegar, bajo ningún concepto, un problema social o de abolengo.

En lo que respecta al confeso asesino cuando se le observa detenidamente uno puede darse cuenta que podrían haber diferencias en lo que respecta a tener algunos bienes materiales, pero cuando uno se adentra en el perfil de ambas familias e incluso en los vínculos existentes entre ellas, puede llegarse a la conclusión de que la diferencia sociales no eran tales, sino que el asunto tiene que ver con alguna posesión  económica.

Todo esto parece ser así, porque incluso si el Ministerio Público tuviera más capacidad investigativa podría encontrarse con otro delito o crimen muy grave de la señora Marlin Martínez, en virtud de que todo parece indicar que estamos frente a una persona que está involucrada con el bajo mundo de las drogas o del lavado de activos.

Las evidencias al respecto provienen primero de la versión que círculó por los medios de comunicación de que la finca donde fue llevada la menor asesinada era propiedad de la señora Marlín Martínez, pero ahora resulta que el padre de su supuesto novio dice que ese inmueble es de su familia y no de ella.

Otra versión fue que el novio de la señora Marlon es un hombre deportado de los Estados Unidos, lo cual éste admitió frente a Nuria Piera, pero el padre aclara que el real comprometido de la inculpada en el crimen contra Emely Peguero es un hermano de éste que vive en los Estados Unidos.

Ahora habría que preguntarse y si la finca es propiedad de la familia como dice el padre del presunto novio de Marlín Martínez, por qué ella tenía tanto poder de decisión en esa propiedad, incluida la autoridad para darle ordenes a un capataz de la misma a pesar de que el padre de su supuesto novio no quería saber de ella.

Frente a cualquier persona con conocimientos rústicos o elementales de investigaciones criminales, ahí podrían haber gatos entre macutos, porque todo lo revelado hasta ahora no refleja que la señora Marlin Martínez provenga de una familia adinerada y de abolengo, sobre todo después de la publicación de la casita donde vive su madre y abuela del presunto criminal en el populoso sector de Cristo Rey de la capital dominicana.

Todos estos detalles podrían llevar a cualquier investigador a determinar que en el presente caso parece haber un segundo ilícito penal que tiene que ver con narcotráfico y lavado de activos, ya que las propiedades que aparecen en nombre de esta mujer  podrían pertenecer a otra persona, que muy bien podría ser su novio que vive en los Estados Unidos y que ella haya sido utilizada como  testaferro del real dueño.

Naturalmente, esto sólo podrá determinarlo si el Ministerio Público mediante una solicitud de colaboración de la fiscalía del estado donde vive el supuesto novio de la señora Martínez para que se realice una investigación a fin de determinar a qué se dedica y si ha tenido problemas con la ley el compañero sentimental de ésta, como por el ejemplo  su hermano, que fue deportado de los Estados Unidos y donde admitió que cumplió una pena.

Es muy posible que el asesinato de Emilin Peguero pueda servir para descubrir otro crimen de igual o de más grande magnitud del conocido hasta ahora, porque todo indica que la actuación de esa mujer deja mucha tela por donde cortar e incluso para revelar lo que podría ser muy bien una asociación de malhechores para cometer delitos con secuelas muy dañinas para la sociedad.

El perfil de ambas familias, la de Marlon y  la de Emelin, parecen tener la misma procedencia social por los vínculos existentes e incluso por el hecho de que ambas viven o vivían en el mismo entorno, lo cual lleva a pensar que se trata de un disparate hablar de abolengo o de diferencias sociales entre la victima y los victimarios.

La diferencia económica entre una familia y otra podría tener que ver con el hecho de que Marlín Martínez se involucró en el bajo mundo del narcotráfico y el lavado de activos y en consecuencia aparentar tener una serie de propiedades que en realidad no son suyas, sino de otra persona que aparentemente maneja negocios ilícitos que han generado la riqueza de que se habla.

Hay muchos detalles en el presente caso que indican que no se trata de una familia con riquezas que provienen de alguna herencia o algo parecido, sino del fenómeno común y corriente de la delincuencia y de aquella persona que entra al negocio del bajo mundo, pero que por los bienes adquiridos no cambia su nivel social, porque sus vínculos son con aquellos con quienes tiene una relación primaria, lo cual aunque cambia su configuración de personas con bienes materiales, no transforma necesariamente sus niveles de educación, sobre todo , aquellos provenientes de la estructura familiar.

El poder que se le atribuye a Marlin proviene más que nada de sus vínculos políticos con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), donde por la plata vale el mono, no importa que los recursos usados o exhibidos provengan del bajo mundo.

De manera, que no importa que los perfiles que presentan las dos familias, la de Marlon  y la de Emely, sean aparentemente diferentes, pero ello no les atribuye a los victimarios un abolengo y un nivel social de más alto nivel, ya que cualquier cosa que se parezca a lo que se ha dicho por los medios de comunicación social se trata de una gran distorsión apoyada en la apariencia que adornan a las familias en la  República Dominicana, donde la cultura de proyectar lo que no se es predomina, sobre todo, en los estratos más humildes de la sociedad.

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