La corrupción pública, la privada y la otra

Por Nelson Encarnación

Hay dos fragmentos de una de las famosas redondillas de la religiosa hispanoamericana del siglo XVII sor Juana Inés de la Cruz, que son a menudo citados para ilustrar cuando en acciones pecaminosas se pretende poner la carga de un solo lado.

Si bien, como sabemos, el poema contiene 16 estrofas, con frecuencia recordamos sólo las 12 y 13, pues son las que más directamente aluden a situaciones que pudieran guardar algún parecido con el caso que nos ocupa, es decir, la corrupción en la Administración Pública.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Es obvio que la poeta se refiere específicamente a la prostitución, ya que en todos los tiempos—desde Jesucristo con la famosa piedra finalmente no arrojada por los puritanos—ha sido la prostituta quien ha recibido el escarnio público, no así quienes utilizan sus servicios, es decir, quienes pagan por pecar.

Ocurre algo similar con la corrupción en las instituciones públicas, la cual tanto se denuncia como una lacra que atenta contra el buen Gobierno y en perjuicio de toda la sociedad, lo cual es cierto.

Sin embargo, lo que nunca se dice o si se dice es en voz baja, es que para que haya corrupto en la función estatal debe mediar un corruptor, y este tiene que provenir, necesariamente, del sector privado, esto es, toda actividad que no dependa del Estado.

Los denunciantes de la corrupción en la República Dominicana y en los demás países de la región, frecuentemente hablan del mal como si se tratara de una acción unidireccional, cuando la realidad es que el asunto va en doble vía.

Cuando un funcionario sinvergüenza le pone precio a una acción de su dependencia es porque sabe que un empresario pagará para que se ejecute. De no ser así, el funcionario se vería precisado a cumplir con su trabajo o dejar reflejada su incapacidad ejecutiva.

Si el empresario paga para que se le favorezca queda retratado en el verso 13 de sor Juana Inés, pues estará pagando por pecar. Con la agravante de que, muchas veces, esos mismos prohijadores del pecado aparecen en los medios de comunicación denunciando la corrupción, sin ser capaces de mirarse al espejo.

¿Y qué decimos de la evasión del Impuesto Sobre la Renta, del cobro de Itbis al consumidor sin reportarlo a la DGII; del contrabando que genera grandes conglomerados comerciales, en fin, de una importante cantidad de acciones delictivas? ¡Por favor…!

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